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Nuestros valores de privacidad

Diez compromisos con los datos de tus alumnos. Cada uno con cómo comprobarlo, porque una promesa que no se puede verificar no es una promesa.

Versión del 29 de agosto de 2026

Esto no es la política de privacidad. La política dice qué hacemos con los datos y es el documento que obliga; está aquí. Esta página dice dónde ponemos la raya y por qué, que es lo que de verdad quiere saber quien va a confiarnos una clase entera.

1. Los datos son del colegio, no nuestros

Nosotros ponemos el programa y lo custodiamos. Quien decide qué se guarda, para qué y hasta cuándo es el centro. No usamos esos datos para nada propio.

Cómo comprobarlo: está escrito en el contrato que firmamos con cada centro antes de que entre el primer alumno. Pídenoslo y te lo mandamos antes de contratar nada.

2. Ni publicidad, ni perfiles, ni inteligencia artificial entrenada con tus alumnos

Los datos del alumnado no se venden, no se ceden, no alimentan anuncios y no se usan para entrenar ningún sistema de IA. Ni los nuestros ni los de nadie.

Cómo comprobarlo: es una cláusula del contrato, no una frase de una web. Y dentro de la aplicación del alumnado no hay ni un rastreador de terceros: el servidor lo impide con una configuración distinta a la de la web comercial.

3. El rastreo se queda en la puerta

En la web comercial puede haber cookies de medición, y te preguntamos antes de poner ninguna. Hoy no hay ninguna puesta: el cartel ya te pregunta y ya guarda tu respuesta, pero esos servicios todavía no están dados de alta. Dentro del aula no entra ninguna, ni hoy ni cuando las haya. Un niño no puede dar un permiso válido, así que no se lo pedimos: se lo prohibimos al sistema.

Cómo comprobarlo: abre cualquier página y mira las cookies de tu navegador. Hoy no hay ninguna de terceros, ni en la web ni en el aula. El día que las haya en la web, seguirá sin haberlas en el aula — y eso es lo que de verdad te estamos prometiendo aquí.

4. Ningún alumno puede subir un archivo

No es que esté prohibido: no existe la posibilidad. En Simulaula un menor no tiene ninguna forma de enviar un fichero, ni una foto, ni un documento. Solo sube materiales el maestro.

Cómo comprobarlo: entra en la sala del alumno y búscalo. Es el problema más feo que puede tener un producto escolar, y aquí no está.

5. Recogemos de menos, a propósito

Sin fotografías. Sin ubicación. Sin edad obligatoria. El programa funciona entero sin saber cómo se llama de verdad ningún niño: basta con un mote, y es lo que recomendamos.

Cómo comprobarlo: no hay campo donde meter una foto ni la ubicación. Lo que no existe no se puede filtrar.

Y lo que todavía no hacemos bien: el mote lo recomendamos, pero la aplicación no lo pone por defecto: hoy el maestro escribe lo que quiere. Debería venir puesto de fábrica y no lo está. Lo decimos porque es la diferencia entre un consejo y una garantía, y de momento esto es un consejo.

6. Lo delicado va cifrado con una llave que no tenemos

Los teléfonos de las familias, las alergias y los informes se cifran en el navegador del maestro, con una llave que sale de su contraseña. En nuestros servidores eso son letras revueltas. Si nos robaran la base de datos, no podrían leerlo.

Y lo que NO va cifrado, porque callarlo sería hacer trampa: la lista de clase. El nombre con el que aparece cada alumno se guarda tal cual, sin cifrar, porque el programa tiene que ordenarlo y buscarlo para funcionar. Por eso te recomendamos usar un mote en esa lista: no es una manía nuestra, es el único campo donde el consejo cambia algo de verdad.

Cómo comprobarlo: pídenos una captura de las dos tablas. En la de fichas verás texto sin sentido; en la lista de clase verás lo que haya escrito el maestro. Y lee el punto 7, que es la otra cara.

7. Preferimos decirte un límite antes que venderte una promesa redonda

No te vamos a decir que sea técnicamente imposible que nosotros veamos esas fichas, porque hoy no sería cierto: la contraseña del maestro viaja a nuestro servidor al entrar, para comprobarla. Afirmamos que no lo hacemos, y que estamos trabajando para que deje de ser posible.

Por qué te lo contamos: porque es la clase de matiz que un proveedor esconde y que un delegado de protección de datos encuentra. Si te lo callamos y lo descubres, ya no te puedes fiar de nada más que te digamos.

8. Los datos están en Europa

En Fráncfort, los dos: el servidor y la base de datos. Es además una exigencia expresa de los pliegos de contratación pública, y se cumple desde el primer día.

Cómo comprobarlo: te damos por escrito la región de cada proveedor y el acuerdo de protección de datos firmado con cada uno.

9. Borrar significa borrar

Hay cinco caminos por los que los datos de un alumno desaparecen: borrar al alumno, borrar la clase, el borrado de fin de curso, la petición de una familia y el borrado de la cuenta del maestro.

Cómo comprobarlo: cada borrado deja constancia de cuántos registros cayeron, y podemos enseñarte ese recuento. Además la propia base de datos se niega a borrar algo que deje restos colgando: si un borrado se dejara una pieza, daría error en vez de dejar rastros sueltos.

Y hasta dónde llega hoy nuestra comprobación: está verificado que ninguno de los cinco puede dejar restos sueltos. Que los cinco terminen sin error lo hemos leído en el código, pero todavía no lo hemos probado ejecutándolos uno a uno. Lo estamos montando como prueba automática. Preferimos decirte esto que un «funciona todo» sin respaldo.

10. Si cambia algo, se nota

Nuestros documentos legales llevan fecha de versión a la vista, y si cambia algo importante avisamos a los centros que tengan contrato. Puedes pedirnos qué decía esta página en una fecha concreta.

Cómo comprobarlo: mira la fecha del final de cualquiera de nuestras páginas legales. Si alguna no la lleva, es un fallo nuestro y queremos saberlo.

¿Falta algo que para tu centro sea importante? Escríbenos a diego@simulaula.com. Si es razonable, se añade — y si no podemos cumplirlo, te lo decimos en vez de prometerlo.