1. Quiénes somos
- Responsable del sitio: Diego Montero Álvarez
- Correo de contacto: diego@simulaula.com
- Proyecto: Simulaula · simulaula.es
Simulaula es un proyecto de una sola persona: un maestro de Primaria. No hay departamento de privacidad ni delegado de protección de datos, porque la ley no lo exige a un tratamiento de este tamaño. Si escribes a ese correo, contesta él. Tu colegio sí tiene delegado —la ley se lo exige a todos los centros, públicos y privados— y es a quien puedes acudir si prefieres no tratar con nosotros.
2. Nuestro papel: depende de quién seas
Esta es la idea que ordena todo lo demás, así que va primero:
De los datos del alumnado
Somos encargados, no responsables. El dueño de esos datos es el centro educativo: él decide qué se guarda, para qué y hasta cuándo. Nosotros solo los tratamos siguiendo sus instrucciones, con un contrato firmado, y no los usamos para nada propio: ni publicidad, ni perfiles, ni venta, ni para entrenar sistemas de inteligencia artificial.
De los datos del maestro y del visitante
Ahí sí somos responsables. La cuenta del docente, el correo de la lista de avisos y lo poco que ocurre cuando alguien visita la web los decidimos nosotros, y respondemos de ellos directamente ante ti.
3. Qué se guarda del alumnado
Lo que la aplicación necesita para funcionar como clase:
- Su nombre en la clase. Lo escribe el maestro al montar la lista, y él decide si pone el nombre completo, el nombre y una inicial, o un mote. Recomendamos usar un mote: para que el programa funcione no hace falta saber cómo se llama de verdad. Con total transparencia, hoy la aplicación no lo pone por defecto —lo escribe el maestro— y estamos trabajando para que venga puesto de fábrica.
- Una contraseña de cuatro números, para que entre a su sala y nadie entre por él.
- Lo que hace en las actividades: respuestas, aciertos, puntos y los avances de los simuladores. Es el trabajo escolar de siempre, igual que un cuaderno. Si el alumno abre un simulador sin el código de su clase, no nos llega nada de lo que hace: sus estrellas y sus trofeos se quedan solo en ese ordenador.
- Lo que el aparato se queda para él solo. Los dos simuladores que tienen página propia —el taller de los números y el laboratorio de la gravedad, el de caer, pesar y flotar— apuntan en el navegador del niño sus estrellas, sus medallas, qué experimentos lleva hechos, si ya ha visto la explicación del principio y los ajustes de lectura que haya elegido (letra más grande, letra fácil, más contraste, menos movimiento y sonido), para que sigan ahí cuando vuelva otro día. Eso no viaja a ningún servidor nuestro, tampoco cuando pulsa «Salir»: se queda en ese ordenador, y desde otro empieza de cero. Lo único que nos llega es la nota de sus test, y solo si entró desde la sala de su clase y su maestro tenía ese simulador abierto ese día.
- Los deberes que le pone su maestro, si van dirigidos a toda la clase o solo a él, y si están hechos y revisados.
- Su avatar: el muñeco que elige. No es una foto, es un dibujo.
Lo que no se pide nunca, pase lo que pase: su fotografía y su ubicación. Ni la aplicación las pide, ni hay un sitio donde guardarlas.
Sobre las fichas que el maestro sube a un deber. Si el maestro adjunta un documento a un deber dirigido a toda la clase, ese documento lo puede abrir toda la clase. Es lo que tiene que pasar para que sirva, pero conviene saberlo: al profesorado se le advierte de que no suba ahí papeles con datos de otros niños.
4. Las fichas de tutoría, y los datos de salud
Lo que el docente puede añadir, si quiere. Desde su panel, el maestro o la maestra puede guardar en la ficha de cada alumno los datos de tutoría que necesita para su trabajo: nombre y apellidos, fecha de nacimiento, número de matrícula, la dirección, los teléfonos y correos de su familia, alergias, medicación, necesidades educativas y las notas de sus reuniones con la familia. Nada de esto es obligatorio: quien solo quiera apuntar un teléfono, apunta un teléfono.
Todo ello se guarda cifrado con una llave que solo existe en el navegador del docente, derivada de su contraseña. En nuestros servidores esa información es una cadena de caracteres sin sentido: no la podemos leer, ni nosotros ni quien accediera a la base de datos.
Datos de salud · la categoría más protegida que existe
- La ficha puede contener datos de salud y de necesidades educativas: alergias, medicación, informes de logopedia, de pedagogía terapéutica o de orientación.
- Se guardan cifrados igual que el resto de la ficha.
- Están dentro de una carpetilla que hay que abrir a propósito, con un aviso antes — precisamente porque la pantalla del maestro a veces se proyecta en la pizarra del aula.
- El alumnado no ve nada de esto jamás: ni en su sala, ni en la pantalla de entrada, ni en ninguna parte.
- Su base legal es el cumplimiento de la función educativa del centro, no el consentimiento del maestro ni el nuestro.
Una consecuencia que hay que decir en voz alta: mientras el maestro use un mote, el sistema no sabe quién es el niño. En el momento en que escribe su nombre real en la ficha, esa ficha deja de estar seudonimizada, aunque el niño siga viendo su mote en su pantalla y el resto del programa siga funcionando con el mote.
5. Las familias
Si eres padre, madre o tutor legal, es posible que tus datos estén aquí sin que hayas pasado nunca por ninguna de nuestras pantallas. Te lo contamos directamente:
- Quién los mete: el maestro o la maestra de tu hijo, en el ejercicio de su función de tutoría, y bajo la responsabilidad del centro.
- Qué se guarda: tu nombre, tu parentesco, tu teléfono y tu correo. Nada más.
- Para qué: para que el maestro pueda comunicarse contigo. Para nada más: no te vamos a escribir nosotros, ni te vamos a mandar publicidad.
- Cómo los ves, corriges o borras: pídeselo al centro o al maestro. Y no es una evasiva: nosotros no podemos leerlos, están cifrados con una llave que no tenemos. El maestro tiene un botón para borrarlos él mismo.
6. Si eres maestro o maestra
De ti guardamos tu nombre y tus apellidos, tu correo y tu contraseña cifrada —guardada de forma que ni nosotros la podemos leer—, las clases que creas y tu licencia. Aquí somos responsables directos y respondemos ante ti.
El nombre y los apellidos son para tu factura, y no se usan para nada más. No te pedimos el DNI ni tu dirección: por debajo de 400 € basta una factura simplificada, que no los lleva. Si necesitas una factura completa a tu nombre o al de tu centro, nos pides los datos fiscales por correo después de contratar —solo a quien la necesita, y no a todo el mundo por si acaso—.
Y un código para confirmar que ese correo es tuyo. Puedes entrar y mirar sin confirmarlo, pero hasta que lo confirmes no se crea ni se cambia nada: ni una clase, ni un alumno. Es lo que impide que alguien abra una cuenta con la dirección de otra persona. Del código no guardamos el código, sino una huella suya que no se puede deshacer —sirve para comprobar el que escribes y para nada más—, junto con cuándo se pidió y cuántas veces se ha fallado al escribirlo; caduca a las 24 horas y deja de servir en cuanto lo usas.
Y tu dirección IP, en tres momentos. Lo contamos con detalle porque es lo que más se suele callar:
- Para que nadie tumbe la web. Una cuenta de peticiones por IP que vive en la memoria del servidor unos minutos y desaparece sola.
- Para frenar a quien intente adivinar una contraseña. Si alguien falla al entrar, se guarda en la base de datos el correo con el que lo intentó y la IP desde la que lo hizo. Se borra solo pasada la ventana de bloqueo, en minutos.
- Para dejar constancia de lo que se toca por dentro. Cuando se crea, cambia o borra una licencia, un docente o una clase, queda apuntado quién lo hizo, cuándo y desde qué IP.
No se usa para nada más: no se cruza con el recuento de visitas, no sirve para saber dónde vives y no se cede a nadie. La base legal es nuestro interés legítimo en mantener el servicio en pie y seguro.
Lo que asumes tú al escribir. Los campos de nombre, de ficha y de deberes son de texto libre, y lo que escribas ahí lo escribes bajo la responsabilidad de tu centro, que es el dueño de esos datos. Dos consejos que te ahorran problemas: usa el mote que te propone la aplicación, y no escribas datos de salud en el título de un deber — para eso está la carpetilla de la ficha, que va cifrada.
7. Si eres el centro
Antes de que entre el primer alumno hay que firmar un contrato de encargado del tratamiento (artículo 28 del RGPD). No es un trámite nuestro: es lo que convierte en lícito que nosotros custodiemos los datos de vuestros alumnos. Te lo mandamos nosotros y no tienes que redactarlo.
| Público | Concertado | Privado | |
|---|---|---|---|
| Quién es el responsable | La Administración educativa | El titular del centro | El titular del centro |
| Quién firma | El órgano con competencia para contratar — no basta la dirección del centro | El representante legal del titular | El representante legal del titular |
| Ley de contratos del sector público | Sí, con su expediente | No | No |
| Servidores en la Unión Europea | Sí — Fráncfort (Alemania), tanto la aplicación como la base de datos. Es una exigencia expresa de los pliegos públicos, y se cumple. | ||
Pídenos también que consten en el contrato los datos de tu delegado de protección de datos: es a quien avisaríamos, sin dilación, si alguna vez hubiera una brecha de seguridad.
8. Si solo estás mirando la web
Este es el apartado más corto, y a propósito.
- Contamos las visitas sin saber quién eres, siempre. Guardamos, por día y sumado: qué página se ha visto, si quien entró venía de una red social o de un buscador, y desde qué tipo de aparato. Sin cookie y sin guardar tu IP: esos datos se leen, se reducen a una palabra de una lista cerrada y se tiran. Con ese recuento no se puede reconocer a nadie, así que funciona digas lo que digas en el cartel.
- El cartel de cookies ya está puesto y ya guarda tu respuesta, con rechazar tan fácil como aceptar y nada marcado de antemano. Hoy, aunque aceptes, no se instala ninguna cookie de medición ni de publicidad: esos servicios todavía no están dados de alta. El día que lo estén se activará solo lo que hayas aceptado, y el apartado 2 de la política de cookies dice en cada momento cuáles están puestas. Si dices que no, la web funciona exactamente igual: no hay contenido reservado para quien acepta.
- Puedes cambiar de opinión cuando quieras, desde el enlace «Cookies» del final de cualquier página. Retirar el permiso tiene que costar lo mismo que darlo.
Dentro del aula no entra ninguna de esas cookies. Ni de medición ni de publicidad. No es una promesa: el servidor aplica una configuración distinta a la aplicación del alumnado, precisamente para que no dependa de que nadie se acuerde. El motivo es que un niño no puede dar un permiso válido, y que los datos del aula no son nuestros, son del colegio.
9. Si nos dejas tu correo
- Qué te pedimos: tu correo, y nada más obligatorio.
- Qué puedes contarnos si quieres: tu comunidad autónoma, el curso que das, el nombre de tu centro y si la decisión de contratar la tomas tú o el equipo directivo. Los cuatro son opcionales.
- Para qué: avisarte de las novedades del proyecto. Nada más.
- Con qué derecho: tu consentimiento. La casilla viene desmarcada y hay que pulsarla a mano; sin eso no se guarda nada.
- Qué guardamos además, y por qué: la fecha, la versión exacta del texto que aceptaste y tu dirección IP. Es la prueba de que dijiste que sí, y la ley nos obliga a poder demostrarlo.
- Quién lo ve: nadie más. Tu correo no se cede, no se vende y no sale de nuestra base de datos.
Irte es de un clic, gratis y sin dar explicaciones, desde la página de baja, cuyo enlace va también al final de cada correo que te mandemos.
10. Si contratas y pagas
El cobro lo gestiona Stripe, una pasarela de pago. Los datos de tu tarjeta no pasan por nuestros servidores ni un instante: los recoge Stripe directamente, y nosotros nunca los vemos ni los guardamos. De la compra conservamos lo que la ley obliga a conservar a cualquiera que factura: quién compró, qué, cuándo y por cuánto.
El cobro es recurrente, y eso hay que decirlo aquí y no solo en las condiciones. Todos los planes de pago se contratan como suscripción: se renuevan solos y se vuelven a cobrar hasta que los pares. Eso significa que tu forma de pago se queda guardada en Stripe de manera continuada —no un cobro y se acabó, sino un medio de pago esperando al siguiente cargo— y que nosotros guardamos el identificador de tu cliente y de tu suscripción en Stripe, que es el hilo que nos permite renovarla, pararla y devolverte el dinero.
Y se para cuando tú quieras, desde «Mi licencia», dentro de tu aula, sin llamar ni escribir a nadie. Al pararla deja de haber cobro siguiente y la forma de pago deja de estar guardada para eso; tu acceso sigue hasta el final del periodo que ya has pagado. Lo que se conserva después es solo la factura, por la obligación fiscal.
11. Dónde se guardan
En Fráncfort, Alemania — dentro de la Unión Europea. Tanto la aplicación como la base de datos están alojadas ahí.
Con total transparencia: las dos empresas que nos prestan esos servicios son estadounidenses, y su personal técnico podría acceder a los sistemas desde allí para mantenerlos. Eso está cubierto por los acuerdos de protección de datos firmados con cada una, que les imponen las mismas obligaciones que asumimos nosotros.
Y hay un tercero, por el correo: los mensajes que te enviamos —el número de tu licencia, los avisos de tu cuenta, la respuesta a lo que nos escribas— salen por Google Workspace, así que tu dirección y el texto de esos mensajes pasan por sus servidores. La empresa con la que se contrata es Google Ireland Ltd., irlandesa; lo que no podemos prometerte es que ese buzón se guarde siempre dentro de la Unión Europea, porque en el plan que tenemos contratado la región no está garantizada. Cuando el mensaje sale del Espacio Económico Europeo, la protección la dan las cláusulas contractuales tipo de la Comisión Europea, firmadas con Google. No hay publicidad de por medio, no se usa para perfilarte y no se emplea para ninguna otra cosa.
Y hay un cuarto, solo si contratas: Stripe, que es quien cobra. Lo tienes contado en el apartado 10.
Fuera de esos cuatro proveedores y de las cookies que tú hayas aceptado —cada una con su nombre y su para qué en la política de cookies—, no se comparten tus datos con nadie más. No se venden, no se ceden y no se usan para entrenar sistemas de inteligencia artificial.
12. Cuánto tiempo se guarda
Los datos del alumnado, mientras el centro los quiera, y desaparecen por cinco caminos distintos:
- El maestro borra a un alumno → se va todo lo suyo, ficha incluida.
- El maestro borra la clase → se van todas las de esa clase.
- Llega el borrado de fin de curso (del 1 al 7 de julio) → se van todas.
- Una familia pide la supresión → el maestro pulsa «Borrar los datos de este niño».
- Se borra la cuenta del maestro → se van las fichas y las llaves que las abren.
- El recuento de visitas: 25 meses como máximo, aunque sea anónimo.
- Tu correo de la lista: hasta que te des de baja.
- La prueba de que diste permiso: mientras estés en la lista y un año más.
- El bloqueo por contraseña fallada: minutos.
- El registro interno de administración (quién creó, cambió o borró algo, y desde qué dirección): un año. Es un registro de seguridad: lo justo para poder investigar un incidente y responder de lo que pasó.
- Las facturas: los años que obliga la normativa fiscal.
Si un centro o un maestro deja de pagar, no se borra nada de golpe: se suspende el acceso y su propio material —temas, apartados y programaciones— se conserva doce meses, avisando antes de borrarlo. Los datos del alumnado no entran en ese plazo: esos siguen lo que diga el contrato con el centro y el borrado de fin de curso, pase lo que pase con el pago. Los datos de un niño no se quedan de rehén de una discusión de dinero.
13. Seguridad
- Todo viaja cifrado entre tu navegador y nuestro servidor.
- Cada centro está aislado de los demás por la propia base de datos, no solo por el programa: una clase no puede ver los datos de otra ni por un error de programación.
- Un alumno solo ve lo suyo y lo que va dirigido a toda su clase. Nunca el deber individual de un compañero.
- Ningún alumno puede subir ficheros. No es que esté prohibido: no existe esa posibilidad en el programa.
- La contraseña del maestro no se guarda: se guarda una huella de la que no se puede volver atrás, así que ni nosotros podemos recuperarla.
- La clave del alumnado es distinta, y a propósito. Es un número de cuatro cifras que el maestro puede ver y volver a dar, porque es quien la reparte en clase a niños de seis años. Por eso esa sí se guarda tal cual. Lo que la protege es que solo abre la sala de esa clase y que bloqueamos a quien falla varias veces seguidas.
- Queda registro de quién crea, cambia o borra cosas por dentro.
El cifrado de las fichas, contado con honestidad
La llave con la que se cifran las fichas se calcula a partir de tu contraseña, en tu navegador. Nosotros guardamos la llave envuelta, no la llave. Eso significa que un robo de nuestra base de datos no revelaría nada de las fichas: son texto cifrado con una llave que no está ahí.
Y lo que no te vamos a decir, porque hoy no sería cierto: que sea técnicamente imposible que nosotros las veamos. Hoy tu contraseña viaja hasta nuestro servidor en el momento de entrar, para comprobarla, así que no afirmamos que sea imposible — afirmamos que no lo hacemos, y que estamos trabajando para que deje de ser posible.
14. La hoja de rescate
Al escribir tu primera ficha, la aplicación te enseña ocho palabras. Imprímelas y guárdalas.
Si olvidas tu contraseña y has perdido esas ocho palabras, las fichas no se pueden recuperar. No hay puerta de atrás, tampoco para nosotros. Es el precio del cifrado, no un defecto: es exactamente lo mismo que hace que un robo de nuestra base de datos no sirva para leer las fichas.
Recuperar la cuenta y recuperar las fichas son dos cosas distintas: el correo te devuelve la cuenta, la hoja de rescate te devuelve las fichas.
15. Tus derechos
Puedes pedir ver tus datos, corregirlos, borrarlos, oponerte a que se traten o llevártelos. Escribe a diego@simulaula.com y tienes respuesta en un mes como máximo.
Si los datos son de un alumno, la puerta es otra
- Ver y corregir: se piden al centro o al maestro, que son quienes pueden abrir la ficha. Nosotros no: veríamos letras revueltas.
- Borrar: igual, y el maestro tiene un botón para hacerlo él mismo en el momento.
- Llevárselos: el maestro puede imprimir la ficha completa del niño.
Y la consecuencia menos cómoda, que preferimos decir: si una maestra nos escribe «no me salen bien los datos de Ana», no podemos mirar. Está cifrado. Es lo que hace que estén seguros, y también lo que nos impide ayudar mirándolos.
Si crees que no lo hemos hecho bien, puedes reclamar ante la Agencia Española de Protección de Datos (aepd.es). Preferimos que nos escribas antes, pero es tu derecho y no hace falta que pases por nosotros.
16. Cambios en esta política
Si cambia algo importante, cambia la fecha de la versión de arriba y lo avisamos a los centros que tengan contrato con nosotros. Las versiones anteriores se guardan: si quieres saber qué decía esta página en una fecha concreta, pídelo por correo y te lo mandamos.