Tocas el Sistema Solar, quieres algo más que un vídeo, y lo que encuentras está en inglés, no se parece a tu temario y no te deja ninguna prueba de lo que ha aprendido cada niño. Esto es un simulador en 3D pensado para un aula española: se abre en el navegador sin instalar nada, la misma escena se gradúa de 1.º a 6.º, y cuando abres la clase en vivo desde tu panel lo que contesta cada alumno queda anotado con el criterio de tu decreto.
La pantalla es el Sistema Solar en 3D: se gira, uno se acerca a un planeta y se abre su ficha. Hay doce astros con ficha propia —los ocho planetas, el Sol, la Luna, Plutón y un cometa— y 2.190 curiosidades repartidas entre los seis cursos.
No hay una versión para pequeños y otra para mayores: es el mismo mundo con el contenido graduado por curso. En 1.º, cada astro trae 18 curiosidades y un banco de 9 preguntas de dos opciones, del que su test sortea 3. En 6.º, 42 o 45 curiosidades y un banco de 18 preguntas de cuatro opciones, del que sortea 6. El test dura lo mismo en los dos casos, y al niño que lo repite le tocan otras preguntas. El curso lo pone la clase; el niño no lo elige.
Y está entero en inglés, con las mismas 2.190 curiosidades y las mismas 1.310 preguntas. No es una selección reducida del español: es el banco completo, traducido.
Para empezar la unidad con la clase entera mirando la pizarra hay una visita guiada: la cámara vuela sola por diez paradas y en cada una lee una curiosidad, con subtítulos, y tú tienes pausa, siguiente y salir. Son diez paradas, no doce: Plutón y el cometa tienen su ficha, pero la visita no llega hasta ellos.
Esto conviene entenderlo antes que nada, porque cambia lo que ve tu clase. Mientras no hayas abierto la clase en vivo desde tu panel, el simulador está en paseo libre: se explora la escena entera, se leen las curiosidades de cada astro, se usa el panel de la nave, el comparador, la visita guiada y el cielo de hoy.
Lo que en paseo libre está apagado son los tests y las misiones, y con ellas los trofeos y el diploma, que cuelgan de las misiones. El botón de test no aparece en la ficha del astro, y el de misiones se queda atenuado: el niño ve que ahí hay algo, pero no se abre.
Al abrir la clase en vivo se encienden los tests —1.310 preguntas repartidas entre los seis cursos, como las curiosidades— y las siete misiones —cada una se abre al cerrar la anterior y termina en su cuestionario—, y ese es además el único momento en que las respuestas se anotan. Dicho claro: si mandas a la clase al aula de informática sin abrir esa sesión desde tu panel, no habrá ni un test en toda la pantalla.
Hay una puerta más, puesta a propósito: un enlace del tipo simulaula.es/aula?astro=marte abre la ficha de ese astro sin pedir código ni cuenta, para poder imprimirlo en el QR de un mural o de una maqueta. Por esa puerta se entra en paseo libre: se mira y se lee, no hay tests ni misiones y no se anota nada.
El simulador cubre una asignatura: Conocimiento del Medio, Ciencias de la Naturaleza o Ciencias Sociales, según cómo la llame el decreto de tu comunidad. Dentro van los 19 territorios —las 17 comunidades, más Ceuta y Melilla, que van con la norma del Estado— y 24 marcos curriculares, porque seis comunidades desdoblan el área en Naturales y Sociales y cada una tiene su propia numeración.
Los tests que contestan los niños se guardan con el código de criterio de tu decreto y con la anotación de con qué norma se grabaron. Eso es lo que después llena tu panel: no tienes que apuntar nada a mano mientras das clase.
En la pantalla del niño no aparece ningún código de criterio. Los códigos son cosa tuya y salen en tu panel; él solo ve el Sistema Solar.
El alumnado entra sin cuenta y sin correo: con el código de la clase, eligiendo su nombre de una lista y una contraseña de cuatro cifras. Esa contraseña sale impresa en una hoja de carnets que recortas y repartes. No tienes que dar de alta a ningún niño con una dirección de correo.
No hay que instalar nada: se abre en el navegador. Y no pide nada a servidores de fuera —la parte 3D, los controles y las letras salen de nuestro propio dominio—, así que un filtro que bloquee servidores ajenos no lo deja a medias. Lo único que necesitas es que el filtro de tu centro deje entrar en simulaula.es: pruébalo una vez en el ordenador del aula antes de la clase.
Si el equipo del aula va justo, se adapta solo: mide los primeros segundos y, si va corto, baja la definición para seguir moviéndose. En tableta y en pizarra digital, un dedo gira la cámara y dos acercan y desplazan.
Hay un panel de accesibilidad que se abre sin salir del simulador, con siete controles: letra de alta legibilidad, cuatro tamaños de texto, alto contraste, reducir movimiento, sonido, lectura automática por voz y la velocidad de esa lectura. La letra es Atkinson Hyperlegible, del Braille Institute, dibujada para baja visión, y se sirve desde nuestro propio dominio.
Para llevarlo a tu clase hace falta una cuenta de maestro: la clase, la lista de nombres y los carnets salen de ahí, y desde ahí se abre la clase en vivo. Si entras por /aula, lo primero que sale es «¿Quién eres?»: el alumnado pasa con el código de su clase y su contraseña de cuatro cifras, y tú con tu cuenta.
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